La Comisión Europea propone un sistema integrado con radares, misiles, láseres y drones para blindar el flanco oriental.

En la cumbre celebrada en Copenhague, los líderes europeos debatieron el diseño de un proyecto de defensa llamado “muro antidrones”, pensado para vigilar las fronteras orientales de la Unión Europea y responder a las incursiones aéreas rusas. Lo que se plantea no es una barrera física, sino una estructura tecnológica combinada que integre múltiples herramientas de detección, seguimiento e intercepción. 

Según el plan que impulsa la Comisión bajo el liderazgo de Ursula von der Leyen, el sistema incorporará radares terrestres y satelitales, drones de observación, misiles ligeros o sistemas láser, todo conectado a un centro de mando común que coordinará las respuestas automáticas o humanas. La funcionalidad abarcaría desde la detección temprana hasta la neutralización de amenazas no tripuladas, con capacidad de actuar en zonas donde los drones rusos han penetrado previamente el espacio aéreo de estados miembros. 

La hoja de ruta que presentó la Comisión establece que el proyecto debe avanzar con urgencia, dada la “frecuencia reciente de violaciones del espacio aéreo” por parte de drones rusos y el carácter híbrido del conflicto europeo. A su vez, el plan se enmarca en una estrategia más amplia que incluye otros proyectos emblemáticos: vigilancia del flanco oriental, un escudo de defensa aérea y un escudo espacial europeo. 

Sin embargo, la iniciativa enfrenta desafíos concretos. Algunos gobiernos del bloque recuerdan que la Comisión Europea no tiene competencias tradicionales de defensa, lo que le resta margen de maniobra frente a los Estados miembros que prefieren mantener control de sus sistemas militares. Además, los costos y el financiamiento del proyecto son puntos de tensión: aún no hay acuerdo claro sobre cómo se financiará el muro, si mediante fondos europeos, contribuciones estatales o recursos compartidos. 

Expertos en defensa advierten que la pericia ucraniana en la guerra de los drones será clave para dar forma al diseño europeo. En los últimos años Ucrania desarrolló tecnologías de interceptación y redes de vigilancia aérea en condiciones de conflicto intenso, lo que la convierte en un referente inevitable para el bloque. 

El proyecto del muro antidrones marca una bisagra de la visión comunitaria sobre defensa: da un paso hacia una política de seguridad europea conjunta, incluso en temas que históricamente fueron estrictamente nacionales. Pero para que se transforme en algo más que una propuesta, deberá sortear resistencias técnicas, institucionales y financieras dentro de un bloque con visiones disímiles sobre soberanía y cooperación.

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